Mi familia siempre ha estado ligada la política, desde que tengo uso de razón que se habla acerca de estos temas, tanto así que no recuerdo ninguna época de mi vida en que no haya ido a alguna marcha de conmemoración del 11 de Septiembre con mi papá, a pesar de esto, cuando pequeña no era muy consciente de lo que significaba, conocía en particular la figura de Pinochet y de las atrocidades que ocurrieron bajo su mandato, pero más allá de eso no entendía bien la magnitud de lo que representaba. Un día, estábamos con mi mamá y mi papá en la casa, cada uno haciendo sus cosas, recuerdo que yo jugaba en una mesita de centro que había en el living, mientras la televisión estaba encendida, cuando de repente, mi mamá y mi papá se detienen en lo que hacían y se acercan a la televisión, no emitían ninguna palabra, sólo miraban con cierta tensión la televisión, en mi curiosidad, me levanté de la mesa, dejé mis juguetes de lado y me puse a ver la televisión con ellos, sólo recuerdo un hombre mayor, de aspecto bastante común y sin mayor importancia para mí, en silla de ruedas que venía saliendo de un avión, mi mamá y mi papá seguían viendo con mucha tensión la televisión, cuando de repente, este viejecito se levanta de la silla de ruedas y se dispone a caminar, mi mamá lanza un fuerte respiro de asombro y mi papá indignado se pone a discutir con la tele, yo, sin entender nada les pregunto, ¿Qué pasó? A lo que mi papá me explica que ese hombre era Pinochet, que estuvo a punto de irse preso en otro país pero que no pudieron porque se declaró incapacitado y que el hecho de que llegara a Chile en silla de ruedas y se parara significaba que todo había sido una mentira que, por cierto, todos sabían pero que, sin embargo, nadie pudo haber hecho nada al respecto. Fue ahí que todo me hizo sentido, fue ahí cuando le vi la cara por primera vez a ese hombre que había causado tanto daño de manera impune y que ese día, como si nada , se levantaba de su silla como una burla al mundo entero.

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